sábado, 19 de enero de 2019

DESPUÉS . . . . .

DESPUÉS . . . . . .

DESPUÉS. . . . 

Quiero escuchar
el martillado tono azul 
de tu voz quejosa
y vibrar de emoción
con el solaz mirar
de tus serpentinas
y juguetonas sombras.
Quiero sentir la energía
de la aproximación,
que nuestra piel evoca,
aspirar tu aliento de calor
en el fragoso feliz momento.
Luego mis labios posar
en tu piel fresca y salada,
lamer como fiera
el último néctar
de tu sudor fiestero
que adosa nuestros cuerpos.
En este bello y frugal
ayuntamiento, deseo
el ansiado crío, sello y huella
de este amor y sentimiento,
para luego soñar
que lo vivido es cierto,
que nada ha sido un sueño.
Después de todo esto,
vivir en un elixir
de tiempos lentos
para morir con las ilusiones
fugaces, de la bonita vida
como el más bello recuerdo.
Autor: Sixto Páramo (Plinio Pindalú)

sábado, 6 de octubre de 2018

CAMINANDO POR LAS CALLES

Caminando por las calles de mi ciudad, veo que nadie presta atención por nada ni por nadie, no saben ni que suelo pisa. La gente parece despiertamente dormida, caminan como entes, desconcentrados como autistas o endrogados, ..... y ...¿saben por qué? por el uso indiscriminado no tanto del celular sino de sus aplicaciones electrónicas, verdaderos bazucos de silicio que impiden a la gente a ser libres y no esclavos.

CARTAS

CARTAS
Las cartas son pruebas hermosas mediante las cuales verificamos como desde la infancia, nuestros hijos dejan su impronta con sus padres y con sus hermanos y familiares. Ayer revisando libros y revistas de mi biblioteca y mirando los libros y cuadernos de infancia que conservamos de Isis, Santiago y Antanas, pude disfrutar gratamente de ese género epistolar entre hermanos. Relatos bonitos llenos de amor filial, inocencias y hasta dibujos graciosos, llenos de imaginaciones fantásticas, ilustran la felicidad de sus vivencias. Quiero invitar a mis amigos a que escriban cartas manuscritas a sus hijos así vivan aún en vuestras casas. No esperemos escribirles cuando ellos ya vivan en el cielo. Escribirle cuando ya no están en el ciclo vital, puede ser beneficioso para tratar de mediar el duelo, pero les aseguro que es mucho mejor escribirles cuando están vivos y ellos puedan leerlas.

RECUERDOS DE MI PADRE


En mi adolescencia, vivía con mis padres en la vieja casa del barrio Ventilador, en Neiva, casa que mi padre construyó. Me quedó grabado para siempre aquella noche cuando le vi postrado y enfermo. Mi padre se sentía muy débil, sus fuerzas lo habían abandonado y parecía como si su alma estuviese por partir, dejando sólo un cuerpo moribundo. Siendo el dolor intenso de su quejido en su pecho el anuncio de un infarto agudo de miocardio serio y final.
Cuando se dio cuenta que moría, tomó mi mano y susurró en mi oído, con sus muy pocas fuerzas apretaba mis manos, dijo que algún día fuera hasta su pueblo natal de Piedras, cerca de Ibagué, en el departamento del Tolima. Me pidió que visitara las playas del Río Opia, único en Colombia con ostras de agua dulce, que visitara una casita de paredes blancas pintada con cal, hecha de bahareque, donde vivió con mi abuela Cervelia Moreno Troncoso; que era un lugar muy hermoso como una Arcadia, asi lo dibujaba con el lápiz de los recuerdos. Dijo con su voz cansada, que allí encontraría a su alma, reposando sobre la línea azul en el horizonte del Río Opia, que puede mirarse desde la ventana.
Y luego, sumergido en los dominios de esas bellas fantasías, de aquellos paisajes donde el río le suspiraba grandes alegrías y las olas se deslizan cantando sobre la arena parda, que lo habían trasladado lejos, muy lejos pero que él describía cerca y muy cerca, proyectándose sobre su cuerpo los rayos finales y sombríos de la muerte.
Remembranzas de mi padre, que me enseñaban desde niño que además del palustre, el agua, la arena y el cemento, es decir después del trabajo arduo - me dijo- solo la lectura te hará feliz, al menos en la geografía amada de tu conciencia. Años después , para unas fiestas de un 20 de enero, día de San Sebastián, visité el municipio de Piedras Tolima. Recuerdo que ese día estaban de gozo, celebrando con bailes y misas sus fiestas patronales. A la salida del pueblo, cuando el río Opia besa el histórico y amado terruño, por la margen izquierda, diviso una blanca y hermosa casita de bahareque pintada de cal, como si fuera nueva, con una puerta antigua de dos abras, una superior y otra inferior y una ventanita minúscula de colores verdes. Golpee pasito sobre la puerta, desprendiendo sus maderas, gratos sonidos musicales , pero se fue abriendo con la velocidad fantasmal propia de las casas abandonadas. 
Entré, expectante, la soledad y el silencio solemne me erizaron todo el cuerpo. Miraba los rincones y el techo, el piso y los taburetes, dos cujas, un espejo que dimana una imagen borrosa y gris, que al acercármele se fue saliendo una imagen más clara de él, era el alma de mi padre que se acomoda dulcemente en mi pecho, por ello no sentí miedo y la llevo grabada en mi corazón. También vi una hamaca, que al mirarla denunciada su desuso de décadas, lo mas deslumbrante estaba sobre una vitrina que en lugar de vidrio tenía un anjeo roto, había un cuadro, con su asa de caulla por encima, voltee el cuadro y con sorpresa aparece una foto antigua de mi padre, tomada en su juventud. Sentí tanto miedo que salí obligado por los nervios y el sobresalto Luego. averigüé con algunos moradores cercanos, quienes comentan que la casa  desde hace 30 años está abandonada, que las ánimas impiden la entrada de los ladrones, que la casa no se deteriora porque los espíritus la mantienen contra pura y constante contra la fuerza dañosa de los tiempos y de los siglos: como antiquísima y recién pintada.

jueves, 20 de septiembre de 2018

RECUERDOS DE INFANCIA Y DE UNA NINFA QUE ME TOCÓ EL CORAZÓN

RECUERDOS DE INFANCIA Y DE  UNA NINFA  QUE ME TOCÓ EL CORAZÓN.
Quisiera que no hubiera dolor, nostalgia ni cáncer; que la vida fuera siempre suave como pelar una mandarina, es decir fácil. Recordar como caminar por un riachuelo descalzo, como lo hacía en mi infancia por la quebrada La Caulla, que separa mi barrio Ventilador con el barrio San Martín y Alfonso López Michelsen, me hace feliz. En este último barrio, vivía una ninfa muy bonita de cristina y cerquera belleza, compañera de estudios de mi hermana Yanith, vivía en una calle torcida, de cara delgada, tez morena clara y talla alta. Toda mi vida he vivido enamorado de ella, alguna vez vi brillar sus ojos en una mirada hacia mi, intenté ligarla a mi vida, pero solo aceptó mi amistad. Jamás le he preguntado por que no, aunque siempre me llama su príncipe. Es una bella dama que nunca me dijo sí, y que no pude convencer. Como pretexto de pasar por el frente de su casa, argumentaba que iba a admirar la naturaleza  de su barrio, sin ir tan lejos, era por llegar a esa casa, aprovechaba para ir a la escuela Juan de Cabrera, a coger picalones, sardinas y cuchas, en aguas claras y transparentes, cazábamos torcazas con caucheras y todo para freír en la paila. 
Era así mi vida de infancia y adolescencia, combinada con el  estudio, estar enamorado y tener amigos pobres igual que nosotros. Caminando descalzos por las quebradas sin cortarnos los pies, eran amigos que nunca fallaban. Andábamos descalzos por antojo jugando al trompo, hechos de palos de guayabos, jugábamos al fútbol con pelotas de trapos, en las navidades las empapábamos de gasolina y las pateábamos prendidas, con riesgo y diversión. Recuerdo que todos los vecinos por pobres que fueran mataban el marrano para los convites del San Juan y el San Pedro, se pasaba la prueba de asado y bizcochuelo de casa en casa.
Se estrenaba ropa para febrero al iniciar las clases de colegio o escuela, para el San Pedro y para las Navidades, y siempre nos daban avío para el recreo escolar. Estudiaba en la Escuela Ángel María Paredes y los domingos teníamos que asistir a misa a la Iglesia de San José, con uniforme de impecable color blanco, estaba el Padre Antonio Parra Segura, corría el año 1973....... éramos muy felices sin necesidad de tener plata. Plinio Pindalú.

sábado, 8 de septiembre de 2018

DÉDALO E ÍCARO

Adaptación al Medio Ambiente: Dédalo e Ícaro
Cuenta una antigua leyenda griega, que el gran artista ateniense Dédalo huyó a la Isla de Creta, a consecuencia de un crimen. Como el viejo Rey Minos no le quiso dejar salir de allí, decidió emprender la huida por el aire. Para su cometido fabricó dos pares de alas para él y para su hijo Ícaro, a base de plumas y cera sujetándoselas fuertemente a los brazos. Ícaro se acercó demasiado al sol, la cera se derritió y él cayó al mar. Pero según la leyenda, Dédalo consiguió huir por el aire. En realidad, el viejo sueño del hombre de poder volar nunca se ha cumplido. Sí, lo ha conseguido con complicados aparatos, con globos, con dirigibles y ahora con aviones.
El que de verdad puede volar es el pájaro, sin depender del aprovisionamiento de cambios y recambios por parte de talleres, prescindiendo de aeropuertos, sin necesidad de combustible extraño a su propio cuerpo, puede moverse en el aire con comodidad, facilidad y naturalidad. Me he preguntado porqué no se puede realizar el sueño del hombre de volar por medio de movimientos propios?
Me dicen las noticias que sí, que el hombre con sus propias facultades ya son verdaderos aviones, para elegirse presidente y nombrar corruptos en todo el organigrama del estado colombiano como esa ministra Nancy Patricia Gutiérrez, ligada hasta el cuello con el paramilitarismo, ese grosero embajador en la OEA Alejandro Ordoñez o el nuevo Director de la DIAN, aviones de la peor calaña para robarse los presupuestos de la alimentación escolar, para escabullirse de la pobreza robando a los podres mas pobres, para apropiarse indebidamente de lo que nos corresponde como sociedad en un todo.
Que hay colombianos aviones para el CVY ( Como Voy Yo), para no hacer filas, para montarse en el transmilenio, para no pagar en la tienda todo el fiado del mes.
Muchos van opinar que escribo sin sentido, pero no tengo la culpa de escribir lo que pienso y les pido excusas por leerme, ésta inquietud que me nace al leer la bella historia de Dédalo y su hijo Ïcaro.

DESDICHA POR LOS QUE NO AMAN AL AJEDREZ

Siempre he sentido un poco de tristeza hacia aquellas personas que no gustan de la música, que no sonríen, que no muestran una cara amable, o que no han conocido el ajedrez. Justamente lo mismo que siento por quien no ha sido embriagado por el amor. El Ajedrez, como el amor, como la música, tienen la virtud de llenarnos de paz y de hacer feliz al hombre.