martes, 25 de mayo de 2021

La Cita autor: Jaime Tovar Marroquin

𝙇𝘼 𝘾𝙄𝙏𝘼 𝙌𝙐𝙀 𝙅𝘼𝙄𝙈𝙀 𝙉𝙊 𝘾𝙐𝙈𝙋𝙇𝙄𝙊́
Por: Alfonso Tovar Marroquín

𝘓𝘢𝘴 𝘮á𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘨𝘢𝘳𝘳𝘢𝘥𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘭á𝘨𝘳𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘱𝘶𝘭𝘤𝘳𝘰𝘴, 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘰𝘳𝘪𝘨𝘦𝘯 𝘦𝘯 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘢𝘴 𝘺 𝘦𝘯 𝘢𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘫𝘢𝘮á𝘴 𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘪𝘥𝘢𝘴: 𝗛𝗮𝗿𝗿𝗶𝗲𝘁 𝗕𝗲𝗲𝗰𝗵𝗲𝗿

𝗘𝘀𝘁𝗲 𝗮𝗿𝘁í𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗹𝗼 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗯𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗵𝗼𝗺𝗲𝗻𝗮𝗷𝗲 𝗮 𝗺𝗶 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗮𝘀𝗲𝘀𝗶𝗻𝗮𝗱𝗼; 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗲𝗻𝘀𝗮𝘆𝗼 𝗮𝗹 𝗲𝗽𝗶𝗹𝗼𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝘃𝗶𝗱𝗮. 𝗦𝗶𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝘅𝗮𝗴𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝗲𝗹𝗶𝗴𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗰𝘂𝗿𝗿𝗶𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗳𝗲𝗼 𝗽𝗲𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝘂𝗿𝘀𝗶𝗹𝗲𝗿í𝗮, 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝗹𝗲𝗴í𝗮 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝘃í𝗰𝘁𝗶𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗿𝗺𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗮í𝘀 𝗻𝗼 𝗵𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗻𝗮𝗱𝗮, 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂é𝘀 𝗱𝗲 é𝘀𝘁𝗮 𝘆 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲𝘀 𝘁𝗿á𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗲𝗰𝗶𝗱𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗿𝗶𝘇𝗼𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗻𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝘁𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗺𝘂𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝘀𝗶𝗻 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗲𝗷𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗼𝗻𝗱𝗮 𝗮 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗽𝗮í𝘀 𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗷𝗮 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮 𝗶𝗻𝗰𝗲𝗿𝘁𝗶𝗱𝘂𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗼𝗻 𝗺á𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀.

El médico 𝙅𝘼𝙄𝙈𝙀 𝙏𝙊𝙑𝘼𝙍 𝙈𝘼𝙍𝙍𝙊𝙌𝙐Í𝙉 (1954-1991) había pasado por mi casa ese martes 21 de mayo de 1991 a despedirse porque viajaría a un congreso de Cirugía Plástica en Medellín y a dejarme las boletas de entrada a la feria agropecuaria que se realizaba en el recinto ferial de CEAGRODEX, en Neiva. Por encargo de Jaime, el siguiente domingo (26), nos encontraríamos para que le ayudara a escoger un caballo de paso fino que quería comprar y estrenarlo montando en las cabalgatas del Sampedro, unos días después, durante el mes de junio. Le gustaban mucho las fiestas del Sampedro pues había nacido el 20 de junio de 1954, en plenas celebraciones de las tradicionales fiestas del Sanjuan.

Lo acompañé a despedirse de nuestra madre y ella le dijo muy angustiada, como presagiando algo grave: “Es un viaje muy largo y apresurado ¿Por qué no se va en avión?”. Y Jaime le respondió: “Mamá, sumercé sabe que soy buena cuchara y me gusta parar de tienda en tienda, por eso viajo por tierra, además, en los aviones, no sé porque razón, piden ajustarse los cinturones, justo antes de servir la comida; y de regreso, necesito pasar por Manizales a recoger a Vicky y al niño”. Eran su querida esposa y su pequeño hijo Jaime Andrés. 

Las palabras que me dijo la última vez que nos vimos, fueron: guárdeme el puesto en la feria que yo llego el domingo a comprar el caballo.

Salvo dos llamadas que le hizo a nuestra adorada madre desde Medellín para reportarse y saber cómo estaba ella (era habitual en él), no volvimos a saber de Jaime hasta el siguiente sábado, 25 de mayo hacia las 7 de la noche, cuando nos dieron la trágica noticia de que, en confusas circunstancias, habían asesinado a Jaime en su viaje de regreso, llegando a Manizales.

Jaime había sobrevivido a la vida, a la locura cotidiana, a las dificultades, a los desamores y a la dura prueba de ser el niño y el hombre que había conocido el valor como compañero constante. Pero, lo más próximo a la vida-sin paradoja-es la muerte. Fue una víctima más de este espiral de violencia y de terror que deja la atmosfera sórdida de la guerra sembrando dolor en un país donde el delincuente toma cuanto quiere, incluso la vida de sus semejantes, si estorba a sus propósitos y los hace juguete de su poder vandálico. Nadie sabe exactamente la forma como se desencadenó el hecho, lo cierto es que Jaime transitaba por parajes infestados de despreciables traficantes del dolor y mercaderes de la muerte. Según reza el expediente, eran unos reinsertados de la guerrilla que tendían su manto lúgubre sobre la vida de inocentes transeúntes y que Jaime no estuvo en capacidad de medir y sopesar en su dramática realidad, razón por la cual, confió en los asaltantes que lo abordaron para arrebatarle la vida y sus pertenecías. No se sabe si reaccionó ante el aleve ataque porque consideró injustas las razones de sus atacantes-no era una característica de Jaime-. Muchas veces, nos inclinamos a confiar en quienes no conocemos porque nunca nos han defraudado. 

Entiendo que la muerte es una realidad por la que todos, tarde o temprano, atravesaremos a lo largo de nuestra vida, pero que se pierdan vidas prematuramente y de esa forma, es un acto tan absurdo como aciago, incluso, cuando la esperanza de vida aumenta en todas partes, y la muerte de Jaime, nos ha dejado sin palabras.

Mi hermano Hugo (QEPD), era el más indicado para conocer el expediente. En una magistral crónica, contó todos los detalles que rodearon éste desafortunado episodio por el cual nunca volvimos a ser los mismos. En la noche de aquel sábado, el destino nos había castigado con el golpe más duro que hemos recibido, acompañado del más grande dolor, impotencia y la más intensa ira que nos atravesó la piel como latigazos sobre la carne viva y nos desencajó el alma, especialmente, por un detalle del informe forense que me llamó la atención y decía: “…𝙩𝙚𝙣í𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙥𝙪ñ𝙤𝙨 𝙮 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚𝙨 𝙖𝙥𝙧𝙚𝙩𝙖𝙙𝙤𝙨 𝙮 𝙨𝙚 𝙚𝙣𝙘𝙤𝙣𝙩𝙧ó 𝙥𝙖𝙨𝙩𝙤 𝙖𝙙𝙝𝙚𝙧𝙞𝙙𝙤 𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙚𝙙𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙢𝙖𝙣𝙤𝙨…”; es decir, para expresarlo del modo menos dramático, si Jaime alcanzó a ser consciente de su muerte, en ese instante de su vida, se sintió tan vulnerado en su integridad y sometido a tan cruel agonía con un balazo que le taladró el tímpano, y en el angustioso afán del moribundo que quiere vivir y siente que se le va la vida, su brazo aún vivo agarró con tal fuerza al puño que ceñía su única esperanza de vida que, me imagino, ajada todavía está la grama que le sirvió de colchón y con la cual, aferrado a ella, quiso burlar su propia muerte.

Al leer el informe, confieso que mi abatimiento fue tan grande y experimenté tan honda y penosa impresión de tristeza que me traspasó el corazón y me dejó aturdido el espíritu. Ese día, no solo asesinaron a un joven lleno de salud y de ilusiones; con él murió un poco de mí y siento que me arrancaron un pedazo de mi alma. La vida familiar sufrió profundas modificaciones, se tornó pesarosa y en alguna parte de nuestra conciencia se esconden la amargura y el dolor más profundo por tantos sueños fallidos, por tanta vida que se fue en un instante, inesperadamente y tan temprano.

Jaime era el quinto de mis hermanos y el número de orden que me correspondió entre ellos, curiosamente, está entre los que se han ido y eso me daba cierta cercanía y preferencia entre ellos y hacia ellos, pero muchas veces he querido estar en su lugar, así ellos estuvieran en mi lugar terrígeno para dar alivio a la constante pena que padecieron nuestros padres hasta el final de sus días. La muerte de un hijo nunca está en el guion de la vida de un padre y no se supera jamás. Las personas estamos preparadas para asistir al fallecimiento de los padres, pero no el de los hijos. Perder a un hijo es algo que va contra natura, rompe los esquemas de una familia y provoca un estrés emocional difícil de evitar; aprender a vivir con esa ausencia provoca una mezcla confusa de dolor e incertidumbre.

El tiempo se detuvo para siempre ese día y, muy en el fondo de mi corazón, espero que se repita el milagro de Lázaro: levántate y anda, o abrigo la esperanza de que le hubiera sucedido a Jaime lo que describe la famosa canción que tanto le gustaba interpretar: El muerto vivo del compositor Guillermo González Arenas, basada en un acontecimiento real, cuyo estribillo reza: “…𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘰, 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘳𝘢𝘯𝘥𝘢…”. Pero no, prefiero pensar que lo mató el corazón por ser bueno y servicial; he tenido que aceptar el gran vacío de su ausencia, aceptar que allí se cerraron sus ojos y se eclipsó su estrella; que su verdor y juventud se ajaron prontamente, pero la lozanía de su recuerdo pervive como un recurso compasivo contra la tristeza y nos lleva a un terreno firme a prueba de lágrimas.

Para darle algún lenitivo a mi lacerado corazón y algo de sosiego a mi alma, con frecuencia debo acudir a los buenos recuerdos de cuando nos echábamos todos a volar en aquellos días repletos de amistad que dejaron una impronta en mi vida y que el tiempo jamás doblegará, pues, si algún día nos invade la peste del olvido, ahí sí estará muerto de verdad.

El genial hermano, hecho con material resistente al olvido, compinche de mi niñez y testigo de mi infancia, lo recuerdo como fue en nuestra natal Algeciras: hombre, adolescente y niño; muchas veces, todo en un mismo día, con alma de niño mal aprendida y cuerpo de viejo mal enseñado, pero jovial y alegre como la melodía de aquella canción que siempre está a la mano para salvarme en cualquier situación. Ese es su seguro de vida contra el olvido y para revivirla, con una profunda devoción en el recuerdo, déjenme contarles algunas anécdotas que el espíritu se complace en recordar.

Un día, haciendo gala de ese niño interior que todos llevamos, con esa calculada “dureza” con la que intentaba ocultar su corazón de niño, Jaime recibió su carro nuevo, de esos que tienen un sistema de apagado retardado de luces delanteras (recién salidas en la época y les llaman “luces de cortesía”) que permiten caminar del vehículo a la puerta de la casa por un sendero iluminado. Cuando dejaba el vehículo estacionado en la noche, nunca faltaba alguien bien intencionado que le indicara que había dejado encendidas las luces. Una noche, salió del auto y se dirigió a una tienda. Como de costumbre, un hombre sacó la cabeza de su vehículo y le indicó: "¡las luces!". Entonces, Jaime regresó hacia su carro nuevo, y como en “El auto fantástico”, la famosa serie de televisión, le habló al vehículo, le dio la orden “apagar luces” y en ese mismo instante, por coincidencia, las luces se apagaron. Le dio las gracias al asombrado hombre y entró a la tienda. Parecía un niño chiquito.

Otra vez que recuerdo entrañablemente por la grandeza de su corazón y su buen sentido del humor: una tarde, muy jóvenes, jugábamos futbol y Jaime, accidentalmente hirió a otro jugador, un buen amigo nuestro. Al reclamarle durante la amable discusión, Jaime le respondió al herido, muy jocosamente, que había sido él quien le había asestado un peligroso “parpadazo” a su guayo derecho. Años después, ya siendo médico especialista, le hizo cirugía plástica gratis al jugador que él mismo había herido. Con ese gesto, quedó completamente sanada la herida que con el tiempo había hecho queloide y quedó saldada una deuda de cariño.

Cuando nació Jaime–Decía mi madre– en lugar de llorar, salió cantando. Tenía una voz privilegiada, limpia y argentada que le permitía medírsele con propiedad a lo que fuera: bambucos, corridos, rancheras y merengues, bien acomodados en su guitarra. Desde el primer compás, destilaba esa alegría que entregaba por medio de la risa, el canto, la palabra, versos, dichos y amoríos en muchos amaneceres con los que azotábamos las madrugadas algecireñas y lográbamos empatar las noches con los días y los viernes con los lunes. Y si algún anfitrión no resistía hasta el amanecer y empezaba a despedirnos, decía: “De peores partes me han echado”. Pero si no lo incluían en alguna celebración, se aparecía diciendo: “No necesito que me admitan con tal de que me dejen entrar”. Otras veces, inventaba cualquier motivo con el solo pretexto de organizar la fiesta él mismo, “con tal de que no lo dejaran por fuera”. Era una invitación a la vida. Podían encontrarnos en cualquier tipo de celebración, cantando en calles y terrazas, cumpleaños, aniversarios, bodas, despedidas de solteras, en mil y una verbenas, parrandas ecuménicas y serenatas.

Jaime monopolizó mi vida y amarró mis sentimientos a las cuerdas de su guitarra en la que nuestros cantos encontraron la medida y el tono preciso, dejando un sinfín de historias con las que, gracias a los dioses tutelares de los buenos bohemios, nos convertimos en unos impenitentes flagelándonos en tantas tenidas etílicas de anécdotas y canciones, mientras su fino humor matizaba el ambiente para sondear y repasar, una y otra vez, su extenso repertorio con el que se burlaba de la vida y de la muerte y del cual destaco el hermoso tango “Te acordás hermano”, y otras que, sin advertir que presagiaba la amarga desolación que hoy padecemos, pero que sonaban como la conjetura de una fatal premonición. Una era el bolero “Nuestro Juramento”, famosa en las versiones de Javier Solís y Julio Jaramillo, quizás por la promesa de amor que simboliza, o talvez por el contenido del verso que dice: “…𝘚𝘪 𝘺𝘰 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰, 𝘦𝘴 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘦𝘴𝘢 / 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘢𝘥á𝘷𝘦𝘳 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳 𝘤𝘢𝘦𝘳 / 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘣𝘳𝘰𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘵𝘶 𝘵𝘳𝘪𝘴𝘵𝘦𝘻𝘢…𝘚𝘪 𝘵𝘶𝘴 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰, 𝘺𝘰 𝘵𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘦𝘵𝘰 / 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘪𝘳é 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘢𝘮𝘰𝘳…”. La otra era el vallenato de Escalona “Jaime Molina” que cantaba como: “𝘙𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘑𝘢𝘪𝘮𝘦 𝘛𝘰𝘷𝘢𝘳 / 𝘊𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘣𝘰𝘳𝘳𝘢𝘤𝘩𝘰, 𝘱𝘰𝘯í𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘪𝘤𝘪ó𝘯 / 𝘘𝘶𝘦, 𝘴𝘪 𝘺𝘰 𝘮𝘰𝘳í𝘢 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰 é𝘭 𝘮𝘦 𝘩𝘢𝘤í𝘢 𝘶𝘯 𝘳𝘦𝘵𝘳𝘢𝘵𝘰 / 𝘖, 𝘴𝘪 é𝘭 𝘴𝘦 𝘮𝘰𝘳í𝘢 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰 𝘭𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘣𝘢 𝘶𝘯 𝘴𝘰𝘯…”. Pues yo, ahora prefiero que él me hiciera el retrato (bueno; él, realmente no hacia retratos, hacia bustos) y no cantarle el son.

Y de serenatas, ni hablar; era muy común verlo bajo cualquier dintel dando serenata, con la emoción que despierta una melodía al romper el hielo nocturno (Y, a veces, el frio de la novia), y al otro día, con seguridad, amanecía de novio. Me daba gusto la alegría que sentía al ver la luz encendida de la alcoba de su pretendida o su amada. En lo personal, tengo muchas vivencias simpáticas, pero recuerdo dos o tres episodios que aún viven en las madrugadas y, que tan solo evocarlos, se torna incontenible la risa. Alguna vez, prestos y dispuestos, llegamos a la casa de su novia, una mujer muy bella. Íbamos preparados con una serenata romántica de reconciliación porque estaban peleados, pero ella alcanzó a escuchar los primero trinos y nos recibió con una jarrada de agua (todavía espero que haya sido agua), entonces, rápidamente cambió de parecer y empezó a cantar el famoso tema de los Betos: “𝘘𝘶𝘪𝘴𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘮𝘢𝘵𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘪𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘯𝘨𝘢ñ𝘢𝘯𝘥𝘰 / 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘵𝘶 𝘦𝘯𝘨𝘢ñ𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘢 𝘮𝘪 𝘧𝘪𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘳𝘢𝘻ó𝘯 𝘩𝘰𝘯𝘳𝘢𝘥𝘰…”; yo no tuve más remedio que seguirlo con el coro: “…𝘯𝘰 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘯𝘪 𝘶𝘯 𝘱𝘭𝘰𝘮𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘰 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘮𝘢𝘵𝘢𝘳𝘵𝘦 / 𝘵𝘶 𝘯𝘰 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘳𝘵𝘦…”. 

Otro día cualquiera, pasó por mí para darle serenata a una novia. En el camino me advirtió que era casada y me dijo muy animado: “Apenas salga ella, se acaba la serenata, usted se lleva el carro y me recoge mañana temprano. Tan pronto terminó la primera canción, en medio del sereno se abrió la puerta y salió un hombre en calzoncillos -supuestamente, el marido- (algo que Jaime no esperaba pues la mujer le había asegurado que no estaba en la ciudad) y, señalándonos con el dedo índice, en tono amenazante, preguntó: “¿a quién le están cantando ustedes? Jaime, con una serenidad pasmosa que rayaba en el descaro, mientras me temblaban las piernas del pánico, respondió: “A la señora del segundo piso”; el hombre suspiró, se dio media vuelta y antes de cerrar la puerta, añadió: “…que pena interrumpirlos, pero sigan cantando que se les oye bonito”. Jaime solo atinó a decirme en voz baja: “vámonos antes de que este hombre caiga en cuenta que ésta casa es de un solo piso'", recordaba con una carcajada.

Uno de los episodios que más recuerdo, fue un recital que ofreció en el Auditorio del Hospital General de Neiva como homenaje a las enfermeras en su día, el 12 de mayo de 1991, pocos días antes del fatal viaje. Era un tipo muy querible, poseedor de una gran sensibilidad, se tomaba su profesión con seriedad y le gustaba divertirse. Tenía un notable sentido del humor, un auténtico maestro por antonomasia en las lides del mamagallismo y diestro en el arte de la ironía y la mordacidad; se complacía en desplegar su sarcasmo caustico y su genial inventiva de crítico agudo. Ese día soltó retahílas, apuntes y chistes para animar y dar variedad a la celebración. Había llegado un poco tarde al evento y desde que apareció en el escenario, se excusó diciendo que había tenido “un trancón…debajo de las cobijas”. Cuando empezamos a cantar los cinco hermanos, soltó dichos como. “Sube más una cometa de cemento que mi hermano…tiene más medida un sastre borracho”; y hasta llegó a comparar su amado Atlético Huila con su profesión; decía: “En el Huila tenemos un equipo de futbol que parece una cirugía plástica, porque no se le ven los puntos”.

A manera de chiste, contó que recién egresado de Medicina, había leído en Bogotá un anuncio en que se solicitaba "Asistente para prestigioso Ginecólogo", y que se había presentado a la dirección suministrada por el aviso para averiguar más detalles sobre el empleo, a lo que el encargado le dijo: “El empleo requiere que prepare a las damas para su examen con el ginecólogo; debe lavar muy bien las partes íntimas de la pacientes, aplicar espuma y rasurar con cuidado el vello púbico; después untar con aceite suavizante las ingles para que las revise el especialista; el sueldo mensual es de diez millones, pero hay que ir hasta Chía-dijo el empleado. Jaime, muy entusiasmado con esa primera oportunidad de trabajo, respondió: No hay problema, trabajar en Chía es como trabajar en Bogotá, a lo que el empleado aclaró: No señor, el trabajo es aquí en Bogotá, pero la fila de aspirantes, ¡ya va por Chía! Las paredes de ese auditorio, aún están llenas de risas. Sostenía que el arte de la medicina consiste en mantener al paciente de buen humor, mientras la naturaleza hace el milagro de la curación.

Mi hermano era todo un caballero; un señor con todas las letras. Elegante en el trato, sonreía con cordialidad sincera y alegre. Nada puede interpretar la verdadera esencia de su ser como cuando se retrataba en una de sus canciones favoritas: “…𝘷𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘭 𝘥𝘦 𝘉𝘰𝘳𝘪𝘯𝘲𝘶𝘦𝘯; 𝘭𝘰𝘤𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰”. Consagró su existencia y sus acciones al bien, y siempre se mostró solícito ante los problemas de sus semejantes, guiado por un elevado sentimiento de altruismo; y al deber, con resolución y entereza, con esmero y pulimento, con brillo y probidad. Era tan bueno como una historia con final feliz e hizo del amor una actitud hacia el mundo. Aunque siempre procuraba ver lo bueno y no lo malo, era el prior de la cofradía de los que no tragan entero; por eso, no me explico cómo pudo caer tan ingenuamente en la trampa de sus asesinos. 

Yo admiraba su ilimitada confianza en sí mismo, la riqueza de su integridad moral y su avidez intelectual, pero, sobre todo, su habilidad para el dialogo y la comunicación: nada se guardaba y sabia callar, virtud doblemente admirable en una persona bien dotada para la charla. Cuando nos enfrascábamos en el cariño y la conversación, eran meros interludios de duelo dialectico, coloquial y ameno en los que podíamos convertir en risas las discusiones, y los asuntos serios, los sabía revestir de ropaje festivo, como una irresistible forma de la felicidad.

Habíamos caminado juntos; nuestras vidas habían marchado tan estrechamente unidas, que hubiese sido muy difícil separarlas, sin que muriera alguno de los dos. Fue un apoyo excepcional en todos los tambaleos de mi vida y fue la parte buena de mi propia conciencia. Quizá ese recorrido paralelo se asemeje mucho al que realizan los hermanos por la vida, ese que la fuerza genética impone para crear un perfil común, un origen común, idénticas glorias e infortunios, las mismas esperanzas y, a veces, hasta los mismos amores; pero, ¿quién podía competirle con su simpatía?

En materia de mujeres, siempre vivió bajo los efectos del corazón. Era un enamorado retozón y redomado, bohemio de enaguas y siempre andaba detrás de una, no importaba quien la luciera, alguna espigada muchacha por la que solía trastabillar y le gastaba todo el arsenal romántico con que estaba apertrechado, pero con ninguna se atrevió a saltar la mera alambrada de las simples galanterías, hasta que conoció a la bella dama payanesa Liliana Varona Arcila, estudiante de Antropología de la Universidad del Cauca, quien falleció, solo un mes después de la boda con Jaime. Entonces se le abrió un paréntesis sentimental, se le puso el corazón “patasarriba”, se sumergió en el hueco sin fondo de una desilusión amorosa y, como un perro regañado con el rabo entre las piernas -como perro con gusanera, decía él-, andaba vuelto añicos a causa del corte de franela sentimental que la vida le había propinado. Luego de unos años, tratando de conservar el equilibrio en esa cuerda floja de sus acrobacias sentimentales, su gran corazón le reveló que el gozo del amor es más grande que cualquier herida sentimental, que tras la borrasca viene la calma y tras la amarga ausencia viene el consuelo, quiso la buena fortuna que se encontrara con Victoria Eugenia Henao Gómez, quien le puso “tatequieto” y con quien escribió la página más grande de su historia: sus hijos Jaime Andrés y Felipe (bebé que nació pocos meses después de la muerte de Jaime) quienes, junto a José Luis, el mayor, fueron su adoración.

Hay personas cuyo talento y disposición las capacita para vencer la adversidad y la tediosa rutina de la existencia. Aunque la grandeza solo conoce breves intervalos de la gloria, Jaime aspiró a cosas superiores y acabó por construirlas, gracias a sus ansias incontenibles de superación constante. Había viajado al Ecuador a estudiar Medicina en la Universidad de Guayaquil, sin más capital que su gran corazón y su sentimentalismo a flor de piel, y al precio de maternas lágrimas, buscando fundamento a sus esperanzas. Era pintor, pero sobre todo escultor. Fiel a la pasión, hizo cursos de escultura y de electrónica (mecatrónica) avanzada que después puso en práctica con su especialidad en Cirugía Plástica y Reconstrucción de Manos. Por aquellas calendas de privación y escaseces en Ecuador, sacó a pasear su música por la vida y vivió del canto. En cartas me escribía: “…soy tan feliz como puedo serlo, pero jamás dejo de recordar que el solo existir es divertido, y aquí estoy exprimiéndole los mejores jugos a la vida…”. "Me muero por vivir", decía en las cartas. Era de esas personas que saben paladear el mal y degustar el sabor embriagante de la conquista para poder disfrutar lo bueno, y no daba abasto para congraciarse con su buena suerte. Quiso hacer muchas cosas: se graduó de Médico en la Universidad del Cauca. Se especializó en Cirugía Plástica en la Universidad de Antioquia. Incluso, alguna vez me confesó que aspiraría a la Asamblea Departamental del Huila para apoyar a Hugo, pero, no solo se frustraron sus sueños de ser un buen diputado si no que la vida para la familia, dio un vuelco total.

Llevó una existencia acelerada con una sed inmensa de vida, con mística y fortaleza por alcanzar el objeto de sus aspiraciones. Vivió tan desaforadamente, vertiginosamente; tan intensamente, como si supiera que moriría pronto. Y así fue; pronto se marchó a otro puerto y hoy es un ciudadano del cielo, como decía Barba–Jacob: “𝘭𝘦𝘷ó 𝘢𝘯𝘤𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘴𝘶𝘴 𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘦𝘮𝘱𝘶𝘫𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘪𝘯𝘦𝘭𝘶𝘤𝘵𝘢𝘣𝘭𝘦”.

La noche del funeral, hasta el cielo lloró; caía una llovizna finísima y cada gota era una espina que hería el alma. Jaime había cometido su único acto de deslealtad: se le dio por marchar al cielo muy temprano, sin avisar, sin pedir permiso y sin despedirse. Lo enterramos con delegaciones de acción comunal que venían del ámbito que él había enriquecido espiritualmente, donde su presencia se echaba de menos y se le recuerda con admiración; lo agasajaron con la cordialidad del primer día, en un homenaje que desbordó los límites del reconocimiento a una vida creadora, consecuencia lógica de los laureles que el prestigio de su nombre merece.

Durante el funeral, dos colegas de Jaime hablaron sobre él y sus hermosas palabras me consolaron. Según mi padre, era demasiado bueno para este mundo. Respecto a este episodio, ya había contado una simpática y curiosa anécdota. Cuando estábamos en la sala de velación, llorando con mi padre la terrible partida de Jaime, su médico de cabecera, en un momento, en medio de la desgarradora escena, talvez por esas cosas fortuitas que tienen que ocurrir para que la historia siga su curso, o tratando inútilmente de consolarlo o, quizás, buscando una respuesta que disipara mi ansiedad, le pregunté a mi padre: Papá, porqué Él, ¿si era el mejor? (con la venia de los otros hermanos). Me respondió: “hijo, porque Dios escoge a sus elegidos para que disfruten de su gloria eterna”. Mientras mi padre observaba mi rostro perplejo de tribulación, pensé: ¿será que estoy vivo por ser malo?; Papá, como queriendo adivinar lo que yo estaba sintiendo, me susurró: “Mijo, lo bueno no dura”, haciendo alarde de su infinita ternura y profunda sabiduría versada en dichos y refranes y, para acabar de acomodar las cosas acrecentando mi angustia, sabiendo que ya la había “embarrado” conmigo, sólo atinó a decir, esbozando una leve sonrisa y apelando a su buen sentido del humor: “hijo, no se preocupe que yerba mala nunca muere”; y me aplicó un abrazo de consuelo. Finalmente, quedé tranquilo porque le había robado una sonrisa en medio de semejante dolor.

De ese doloroso trance, hoy se cumplen 30 años, y aun sigo esperando que Jaime cumpla la cita, sin imaginar este duro giro del destino. Jaime solía ser muy cumplido, pero Dios sabe mejor que el hombre lo que al hombre le conviene, por eso decimos: 𝘤ú𝘮𝘱𝘭𝘢𝘴𝘦 𝘴𝘦ñ𝘰𝘳 𝘵𝘶 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥 𝘺 𝘯𝘰 𝘭𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢.

Durante nuestra existencia, tenemos muchas citas que debemos cumplir, irremediablemente: con la vida, con el amor, con la muerte, con el éxito, más las que agendamos en razón del trabajo. Hoy, Jaime está cumpliendo con la única cita a la que ninguno de los mortales puede faltar: dando cuentas al creador. Y la cita definitiva, donde nos volveremos a encontrar.

Como la vida siempre nos conduce a una situación mortal; entonces y solo entonces, cuando se cumpla mi mortal tarea y al fin cansado quiera desandar mis pasos; cuando llegue la sentencia de lo irremediable para que me expidan el diploma de difunto y se acabe esta vida transitoria; cuando al fin logre aligerar la pesadumbre en que han sido concebidos mis anhelos y quiera conciliar el sueño eterno; cuando la inexorable parca me salga al paso para saludarme y quiera arroparme con su frío e imperturbable semblante; entonces, y solo entonces, cuando nos volvamos a ver, cerraré los ojos para escuchar “Al sur” y espero, querido hermano, que estés ahí con los brazos abiertos, guardándome un sitio en esa feria celestial, donde todo es posible, para que cabalguemos al lado de San Juan y de San Pedro; allá, en la gloriosa mansión de los bienaventurados, donde espero tener las suficientes credenciales espirituales para ponerme a la altura de tu devoción; donde tendré la ocasión de enterarte de las nuevas y podamos continuar con lo que quedó pendiente de arreglar y cuidar para que la familia estuviese unida, como lo anhelas, para no separarnos nunca más, para rubricar mi admiración y para testificarte mi afecto agradecido por el canto, la palabra y la vida; para sentirme acompañado y con fuerzas para el resto del camino, porque aquí, aquí, aunque tu puesto aún está guardado, nada ha cambiado. Entonces, y solo entonces, tú que ya cumpliste tu misión en esta tierra, sabrás si merezco el beneficio de la espera, y sabremos si llego puntual a la cita definitiva.
Por: Alfonso Tovar Marroquin

miércoles, 20 de enero de 2021

Después. . . .

Quiero presentarles mi última producción poética:

DESPUÉS. . . . 
Quiero escuchar
el martillado tono azul 
de tu voz quejosa 
y vibrar de emoción
con el solaz mirar
de tu serpentina
y juguetona sombra.

Quiero sentir la energía
de la aproximación,
que nuestra piel evoca,
aspirar tu aliento de calor
en el fragoso feliz momento.

Luego mis labios posar
en tu piel fresca y salada,
lamer como fiera
el último néctar
de tu sudor fiestero
que adosa nuestros cuerpos.

En este bello y frugal
ayuntamiento, deseo
el ansiado crío, sello y huella
de este amor y sentimiento,
para luego soñar
que lo vivido es cierto, 
que nada ha sido un sueño.

Después de todo esto,
vivir en un elíxir
de tiempos lentos
para morir con las ilusiones
fugaces, de la bonita vida
como el más bello recuerdo.

 Plinio Pindalú

martes, 29 de diciembre de 2020

Gaitania Señorial

GAITANIA BRAVÍA
Gaitania, linda y ancestral,
bella ayer, hoy, mañana y siempre
Gaitania viva y señorial,
hermosa aun más en diciembre.

Castillos luminicos florecidos,
pesebre verde del sur del Tolima,
tierra honrada de arrieros bravíos
que evitan horizontes ennegrecidos.

Gaitania de historia y de honor
y con diciembres alegres y de paz,
que birlan los antiguos meses de horror,
tierra bravía de todo capaz.

Gaitania de flores para amar,
de conflictos por la dignidad,
pide tierra para labrar
con la voz guerrera de la igualdad.

Gaitania aroma de los grandes
te llevo pegada a mi corazón,
tus calles torcidas recuerdan,
la historia tortuosa de tu sufrir.

Eres la Tierra del mejor café,
alza su voz con higalguía vital
por la paz ora con amor y fe,
celebra hoy en paz la Navidad.

Plinio Pindalú, diciembre 11 de 2007.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Enamorado que no claudica

A MIS AMORES

Enamorado que no claudica,
lejano de los dioses
muy cercanos a las locuras.
a mis mujeres y estadisticas.

He aprendido del mundo
y de la vida de los favores,
agradecerles las limosnas
y sus rabias y virtudes.

La rutina, el sueño, las estrellas
y el sabor del agua  plenos,
como el amor de las bellas
no  son a mi corazón ajenos,

Con amarguras vivo, 
una  felicidad que viene 
de tristeza  inventada,
de sus paraísos perdidos.

Tuve  mujeres de momento,
de amores no  vanos ni dispersos,
hoy son alegría en el recuerdo, 
son  cenizas, en fuego violento.

Desde una antigua inocencia
colman una ráfaga de olvidos,
perdono a las que me amaron:
sus ausencias,son mi castigo.

Plinio Pindalú

No quiero morir

¡Au cas où je mourrais!

La infamia siempre 
me ha perseguido
como una sombra gris 
y he luchado contra ella
sin quererse ir ,
toda mi vida le he dado 
puñetazos, 
la he mandado a tierra, 
con fuertes golpazos
pero se levanta 
y quiere hacerme daño 
constantemente. 
A mis amigos les digo 
que a mi no se me acaba
el mundo ni muriéndome, 
ahí dejo una esposa
que es como una rosa 
del otro mundo de jardín 
dejo mis tres hijos,  
tres ciudadanos de bien, 
tres dioses del Olimpo,
tres seres maravillosos, 
tres bibliotecas vivas: 
Isis, Santiago y Antanas,
sabidurías y señoríos
así son los hijos míos
como nobles ríos
son mi corazón
y mi sin razón 
Mi madre me enseñó 
a no devolver el mal 
ni el desdeño
y mi padre a nunca esperar 
el bien ni siquiera 
de los amigos,
para no tener que llorar 
ni defraudarme jamás.
Porque el que escribe
dice mucho y sufre poco
porque el que escribe
Olvida mas fácil su dolor.
Sufro una inmensa pena
y un dolor profundo
y lloro aunque me cueste
morir, no quiero sufrir

Plinio Pindalú

He buscado. .

HE BUSCADO
He buscado palabras,
para describir con luces,
tus sentimientos y amores
y sólo el diccionario 
hermoso de nuestras vidas,
trae en los recuerdos,
los ideales y los goces
que parecen fantasía.
Recuerdos  ondinos
e imágenes azules
que no son  idolatría.
He buscado un mar sin olas
en donde pueda escribir
una página llanita,
escribír  tu nombre
que borró la brisa,
pero con el encanto 
llegó al asombro
cuando mis ojos leyeron
tu nombre  sobre la arena
de mi playa que sabe
traducir los escritos
amorosos de los amantes
sobre el agua.
Plinio Pindalú

Hojas secas, hojas de olvido

HOJAS SECAS, HOJAS DE OLVIDO
Hojas secas
Hojas de clamor,
Recuerdo dulce
De un viejo amor,
Que dejamos escapar.
Amores que se van
Y que ya no pueden
siquiera regresar,
Déjalos ir
Que si vuelven
Ahora sí nos
Pueden divertir.
He llorado
Todos mis amores
Y queriéndolo
No he logrado morir,
Nada tiene final,
Los amores verdaderos
No se olvidan
Y su llama
De las cenizas vuelve  
De nuevo a comenzar.

Plinio Pindalú

sábado, 12 de diciembre de 2020

Lo titulos honoris causa: su validezjuridica

PREGUNTA:
¿Puede una persona presentar un título honorífico otorgado por una institución de educación superior como requisito para el ejercicio de un empleo del nivel profesional que exige acreditar título de formación profesional en el área académica determinada en el manual de funciones?
RESPUESTA:
El Consejo de estado ha dejado en claro que el título honoris causa no remplaza el  título profesional o académico para ocupar un cargo público.
Así lo ha precisado la sala de consulta y servicio civil del Consejo de estado en concepto del 23 de septiembre de 2006, radicación 2036:
“…. Como se observa, los elementos esenciales del “título” profesional son: (i) el reconocimiento expreso de carácter académico; 
(ii) obtenido a la culminación de un programa; y 
(iii) que es resultado de haber adquirido un saber determinado. 
Supone entonces la superación de diferentes pruebas que permiten llegar a ese nivel educativo y, en ese sentido, las Instituciones de Educación Superior, actúan como colaboradores del Estado en la formación de personas capacitadas para el desarrollo de actividades que demandan títulos de idoneidad.
Y el Ministerio de Educación Nacional, según la Ley 30 de 1992 dice:
Entre tanto, cuando las normas de la función pública exigen un título profesional, están haciendo referencia a aquél que, conforme a la Ley 30 de 1992, cumple esas condiciones de acreditar la culminación de un programa académico profesional y, por ende, la adquisición de un saber determinado habilitante para ejercer una determinada profesión. 

Por tanto os títulos honoris causa no tienen esas características. Se han desarrollado al amparo de la autonomía universitaria pero con fines diferentes a los señalados en la ley. Como su nombre lo indica no tienen su causa en la adquisición de un saber a la culminación de un programa académico y previa la superación de las pruebas exigidas para cada caso,  sino en un “honor” que se hace a determinadas personas por diversas razones como el agradecimiento, el reconocimiento de sus valores, los aportes hechos a la sociedad, sus vínculos con la institución educativa, etc.
En ese sentido, cuando una institución de educación superior concede tales títulos honoríficos, no lo hace en el contexto de la Ley 30 de 1992, esto es, en el marco de su actividad educativa y como reconocimiento de la culminación de un programa académico, sino como expresión de su autonomía administrativa. Su valor, por tanto, no llega a ser sustitutivo o equivalente de aquéllos que se otorgan de conformidad con el artículo 24 de dicha ley, los cuales, según se explicó anteriormente, son los exigidos para el acceso a determinados cargos de la Administración Pública. Así que ha estudiar un doctorado por que aquellos amigos míos que han comprado títulos de PhD en la  modalidad de HONORIS CAUSA , en la UNIVERSIDAD DE PANAMÁ, ni de ninguna otra Universidad, no sirven para cumplir requisitos para los cargos del estado colombiano.

Visitando a mi viejo y mi nuevo hospital

VISITANDO AL HOSPITAL UNIVERSITARIO DE NEIVA
Hace dos días hice una visita nocturna a mi Hospital Universitario de Neiva. y lo comparé en sus interminables 365 noches de mi viejo hospital de internado con la noche de hoy. Todo habia cambiado en lo que a tecnología se refiere, hoy todo es redes, digitalización, software y monitores, pero no las noches, siguen siendo las mismas, hoy más poéticas con mis remembranzas. Todo no  ha cambiado en ese paisaje nocturno de tétrico hospital. Pasillos y habitaciones ya no desiertos. Sin paredes estremecidas por la humedad. Sin la  luz mortecina que lame los techos. Me dio tristeza del ausente  eco de unos pasos trepando las escaleras de mujeres escalando hacia las habitaciones de los médicos internos. Ya no había  esa odiada gotera que  caía con la  regularidad de Immanuel Kant. Desaparecieron los rumores de sexo clandestino, de bocas crispadas y de deseosos  gemidos silentes. Desapareció el viejo árbol de mamoncillos, frente al pabellón de Psiquiatría, por donde subían las féminas sedientas y bajaban pródigas de Cupido. Sigue conservado el olor viejo y nuevo a hemoglobina y a orines solamente viejos; a formol de la morgue. Sirenas de ambulancias que llegan o se van. Portazos. Gritos. El viento silba a través de los vidrios y ventanas entreabiertas. Las ruedas de una camilla rechinan trabadas  sobre el piso nuevo. Siluetas sobre camas desvencijadas de dos cuerpos cubiertos, una con la cabeza escondida debajo de la colcha. Una madre triste  canta una canción de cuna a su nieta que acaba de morir. Un suspiro y un suspirado. El llanto contenido de un hombre que se tapa la cara con las manos porque lo han sorprendido enamorando a una viejita a quien recién en la mañana le habían practicado la histerectomía. Hombre ya muerto de vergüenza, sin hiel  pero enamorado. Una mujer se cubre los pechos lánguidos con una sábana sucia, con su mastitis bilateral en clínica de heridas. Se tiembla de frío y de indignidad. Suenan las alarmas de los monitores, gritos de las enfermeras  y el soplido de los respiradores. Una jungla de animales fantásticos ladrándole a la noche mira el accionar de los médicos heróes que han alejado por un tiempo a  la muerte. Levanto un pliego de cartulina y en letras negras dice:" Fuera maldito Procurador Ordóñez:  Petro se queda". Las cosas brotan en la noche como un mar de libélulas en una atmósfera de campo de guerra mediática. Todo es sombrío, gris, lúgubre y frío. Sólo los médicos se sienten a salvo en un lugar como éste. No quieren irse. Sueñan con volver, cuando se van. Se sienten como en su casa. Nadie más, sólo ellos vivencia esta molicie diaria. Porque somos los médicos los más enfermos de todo el hospital. Para terminar estas vivencias puedo afirmar que el ruidito de un beso, en la noche del viejo hospital dinamitaba todas las penumbras, encendía los corazones y era la cuota inicial, predecesor de lo bueno. Sixto Alfonso

lunes, 2 de noviembre de 2020

NOCHE DE BRUJAS

 NOCHE DE BRUJAS 

Buenas noches, antes de ser abogado era médico y antes de ser médico, era un humilde campesino de azadón, machete y sombrero. Una noche para más veras 31 de octubre, día de las brujas, me tomé unas cervezas y quería divertirme al merodear la casa de la novia. En esas me dijo un jornalero que cruzaba por la callecita más retorcida de la vereda, que fuera a acostarme porque - a las once y media salían las brujas y hay riesgos para que se lo lleven-

Yo le dije que no creía en brujas y de repente se inició un aguacero con rayos y centellas, el cielo se tornó grisáceo y bravío, cuando aparece una bruja fea y fastidiosa y sin miedo la saludé lo cual la enojó más, y cuando ya me iba arrastrar, como milagro de Dios apareció el no muy santo cura del pueblo y con la Santa Cruz el cura la ahuyentó pero con sus uñas, la bruja maldita alcanzó a arañar mi cara. El cura me dijo que no tomara más licor, que me fuera para la casa y más bien le hiciera el amor a mi mujer, le dije - padre yo soy soltero- y el cura hizo un silencio malicioso y dijo - bueno - y añadió - póngase a frotar algo, pues no lo veo manco -.
Al llegar al mismo lugar donde había salido, la bruja, la saludé de nuevo diciéndole todo un mundo de groserías y cuando la reté para que se apareciera, pues se me apareció la bruja. La insulté con gusto y comenzó de nuevo la borrasca con los truenos y los rayos y la bruja cogió un rayo en su mano derecha y a manera de zurriago me dió un lapo y me partió el cuerpo en dos, y todo eso se lo conté al cura y éste me dijo - y
¿porqué la saludaste, refiriéndose a la bruja y por qué la insultaba ? Le dije: - Padre, porque se me hizo parecida a mi suegra - y luego desconfiado me dice el cura: como así que Usted partido en dos, llega aquí, que hizo? Y le respondí - pues como me partió en dos, con el tronco y la cabeza y con el machete seguí insultando y persiguiendo a la bruja que me huía y con la mitad inferior o sea con las patas me vine corriendo a dónde Usted señor cura a confesarme y a qué me diga cuantos rezos y penitencias debo hacer y cumplir para que si la parte superior llega a matar a la maldita bruja, yo no vaya a parar al infierno-.

martes, 29 de septiembre de 2020

Medicina al día

MEDICINA AL DÍA:
PELIGROS DEL SEXO ANAL.
Una mujer acude a su ginecóloga y le comenta que su esposo ha adquirido una fuerte inclinación por el sexo anal, y que como no está segura de que eso resulte ser una buena idea, le consulta sobre los riesgos que ese tipo de práctica acarrea.
¿Disfruta usted haciéndolo..?
- pregunta la ginecóloga.
Bueno...sí, a decir verdad es un placer para disfrutar y no pensar en otras cosas.
¿Le produce alguna irritación o lastimadura...?
No...no...
Casi que no...
Bueno...
- continúa la ginecóloga.
No veo entonces la razón para que usted se prive de hacerlo siempre, claro está que tome de costumbre las debidas precauciones para no quedar embarazada...
La mujer se sobresalta y como incrédula exclama...
* ¿Cómo...?
¿Acaso puede una quedar embarazada por sexo anal...?
* ¡Claro, señora... !
¿Cómo cree usted que fueron concebidos
Álvaro Uribe Vélez, Iván Duqueñeñebrecth y
Andrés Pastrana y cuanto corrupto, anda suelto por ahí...?
¡Esos no fueron paridos..., fueron cagados...

Ventilador, barrio querdo

VENTILADOR MI BARRIO QUERIDO

¿Y cómo no voy a quererte barrio mío?
Si en tus calles viejas he jugado y he nacido.
en él he gozado, enamorado y he crecido,
Si en tu suelo están mis raíces,
mi vida y todo el aire que respiro.

¡Cómo no voy a quererte!
Si las voces de tus mayores
son ecos de nostalgias que
las tengo en el alma metidos 
sos el cajón  del corazón mío,

¡Cómo no voy a quererte!
Ventilador de veranos y con ruido
Sin él, mi prosa no habría florido.
No puede haber en Colombia ni el mundo:
¡¡¡¡¡ Un barrio más hermoso y festivo!!!

Ventilador del Alma, de bellos recuerdos,
como te quieren y te aman tus hijos.,
vaya por donde vaya llevo  sus calles,
el olor de sus fiestas, sus casas 
y su gente en la mente prendidos,

Que bello era jugar en tus calles 
de barro, piedras y vidrios,
recoger el agua en tus pilas,
era el juego  de niños, el preferido
aunque seas siempre un barrio sufrido.

Cada casa con su tendedero de piedra,
el sol secaba nuestras ropas con cariño,
Señoras que peleaban mientras sus hijos
seguían jugando  con risas divertidos,
con cometas, bolas y baratijos

Ellas por meses no se hablaban
y sus hijos contenticos, 
jugaban al trompo, al  pongo y quite,
a las bolas,  naipe, parqués y a los daditos,
al avión, pico y salgo y el escondite.

Una vez me descalabraron,
porque apodé  feo  a un niñito,
al mejor pana de todos mis amigos
y al quejarme ante mi padre me dijo:
Te salvaste, el apodo es muy feíto"".

Que recuerdos tan gratos me traen hoy
mi Ventilador viejo y bendito,
de él no olvido las caras de mis amigos,
que no los nombro en estas líneas,
para evitar un olvido de amigos tan queridos.
.



domingo, 27 de septiembre de 2020

Encuentro con un hombre legendario que encontró a Dios

'Soy el único sobreviviente masculino de la Unión Patriótica"
Ayer venía de La Dorada (Caldas),  cuando pasando por entre el Guamo y Natagaima, sorpresivamente paré a comprar unas frutas y me  encontré  que el vendedor era un aguerrido líder comunista, el reconocido Misael Capera, de la Vereda Guayaquil de Natagaima Tolima. Con 1.42 m de estatura, se puso feliz cuando lo reconocí, pues le llamé por su sobrenombre El Conejo Capera, a quien conocí hace 45 años, cuando movilizó más de cinco mil indigenas al Paro Cívico Nacional de 1977. Con mucha prudencia le dije - ¿cuénteme líder que ha habido de su vida? - "Pues feliz a mis 87 años es ya una victoria estar vivo, siendo el único sobreviviente masculino de la Unión Patriótica, pues la otra persona es la Senadora Aída Avella. Yo fui comunista toda la vida, inicié con el UNIR de Jorge Eliécer Gaitán, hasta cuándo lo mataron los gringos, de ahí pasé al Partido Comunista de Colombia de Gilberto Vieira, luego a la Unión Patriótica de Alfonso Cano,  acabada la UP, volví al partido comunista, y me retiré cuando me di cuenta que Jesucristo y Dios existían en mi corazón, abriéndome sus puertas. Ahora soy Petrista a muerte" concluyó el venerable anciano que con mucho honor público nuestro encuentro de ayer.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Hojas secas, hojas de olvido

HOJAS SECAS, HOJAS DE OLVIDO
Hojas secas
Hojas de clamor,
Recuerdo dulce
De un viejo amor,
Que dejamos escapar.
Amores que se van
Y que no se pueden
Ni siquiera atajar,
Déjalos ir
Que si regresan
Ahora sí nos
Pueden divertir.
He llorado
Todos mis amores
Y queriendolo
No he logrado morir,
Nada tiene final,
Todo vuelve  
De nuevo a comenzar.
Plinio Pindalú

miércoles, 9 de septiembre de 2020

La mujer: vista y valorada por la medicina griega antes de Hipócrates

"La Mujer vista y valorada por la Medicina Griega antes de Hipócrates".
Debo empezar por lo que más me parece anticientífico, es decir sobre las enfermedades de las vírgenes según el tratado ginecológico más breve dentro del Corpus Hippocraticum. A pesar de su concisión, explica detenidamente las afecciones que puedan sufrir a una mujer que no esté casada. Es muy ostensible aquí la intención del autor en relacionar las enfermedades de las vírgenes con la enfermedad sagrada -la epilepsia- (era denominada Sagrada, porque era causada por Dios, imagínese pues), de modo que tanto una como otra ocasionan alteraciones fisio-psíquicas. Este desequilibrio fisiopsíquico en parte es por la inmadurez mental-física de las vírgenes, y en parte es debido al defecto de la circulación sanguínea por la posición oblicua del orificio uterino. Sin embargo, en el mismo tratado no refleja una clara explicación de esto.
La peculiaridad de este tratado ginecológico frente a otros es que, por un lado, el autor culpa a las mujeres por no haberse casado en la edad adecuada y, por otro, enfatiza el casamiento con un hombre para procrear y liberarse de las dolencias propiamente de las vírgenes. Otros tratados hipocráticos ginecológicos normalmente recomiendan remedios populares y, raras veces, terapias fálicas. Al menos muchos médicos griegos aconsejaron a las muchachas vírgenes, cuando sufren tal cosa, que se casen con un hombre lo más pronto posible. Pues si se quedaran embarazadas, se vuelven sanas, y si no, o al mismo tiempo en la juventud o poco después juntamente  si les alcanzará otra enfermedad. La presión de la líbido femenina, perturba la función cerebral y reprimir las ganas se traduce en malgenio y agresividad permanente en la mujer núbil.  Se señala que en la Antigua Grecia, la edad adecuada para el matrimonio es de 30 años para el hombre, y para una mujer depende de su primera menstruación, considera que el momento idóneo para su casamiento es cuatro años después de la menarquia. 
(Dejemos por hoy, hasta aquí).

jueves, 27 de agosto de 2020

 HE BUSCADO

He buscado palabras,
para describir con luces,
tus sentimientos y amores
y sólo el diccionario
hermoso de nuestras vidas,
trae en los recuerdos,
los ideales y los goces
que parecen fantasía,
recuerdos ondinos
e imágenes azules
que no son idolatría.
He buscado un mar sin olas
en donde pueda escribir
una página llanita,
escribí tu nombre
el que borró la brisa,
pero con el encanto
llegó al asombro
cuando mis ojos leyeron
tu nombre sobre la arena
de mi playa que sabe
traducir los escritos
amorosos de los amantes
sobre el agua.
Plinio Pindalú

HASTA MI ÚLTIMO MINUTO

 HASTA MI ÚLTIMO MINUTO.

(Para Vicky)
Te amo y quisiera
que solo rosas
cubriesen tu cuerpo
desnudo y durmiente,
que solo el aire puro
y mi aroma masculino
te absorbiera por siempre,
que sólo mi imagen
fueran todos tus recuerdos,
mi voz, tu única canción,
que el ayer no existiera
y borrara mi pasado,
y borrara el dolor,
que solo el amor
fuere la unidad
y la única medida,
que sólo el calor
de nuestros cuerpos
vibrara en armonía
y a sutil temperatura,
que sólo nuestros besos
impregnan la dulzura,
y que mi vida se extinguiera
al segundo de tu partida.
Pero mejor quisiera
que tu siempre vivieras,
porque mi último ocaso.....
mi último minuto
me llegue en tu regazo.

sábado, 1 de agosto de 2020

Inventos Humanos

En el 325, en el concilio de Nicea, Constantino el grande crea la  iglesia  catolica.
En el 327, Constantino conocido como el   emperador de Roma, ordena a Jeronimo traducir la versión Vulgata en Latin, cambiando los  nombres propios hebreos y adulterando las escrituras.

En el 431, se inventa el culto a la VIRGEN.
En el 594, se inventa el PURGATORIO.
En el 610, se inventa el título del PAPA.
En el 788, se impone adoraciones a las deidades paganas.
En el 995,  se cambió el significado de kadosh(apartado) por santo.
En el 1079, se impone el celibato de los sacerdotes>>palabra totalmente católica.
En el 1090, se impone el Rosario.
En el 1184, se perpetra la Inquisición. 
En el 1190, se venden las indulgencias. 
En el 1215, se le impone la confesión a los sacerdotes. 
En el 1216, se inventó del papa Inocenzo lll, el cuento del terror del pan (un dios de la mitología griega), que se convierte en carne humana.

En el 1311, se impone el batesimo .
En el 1439, se dogmatiza el inexistente PURGATORIO.
En el 1854, se inventa la inmaculada Concepción. 

En el 1870, se impone lo absurdo de un papa infalible, en el se inventa el concepto de Contratación 

Hay más de 2500 cosas inventadas por esta religión para esclavizar al ser humano con el Cristianismo...

sábado, 13 de junio de 2020

Carlos Gardel : Mientras viva siempre velare por vos

"Carlos Gardel", Mientras viva velaré por vos: 

Este grupo fue creado para tratar temas concernientes a la preservación de la Casa Museo Carlos Gardel y a su Mausoleo.
Bregamos por la vuelta atrás con las obras que aniquilaron la esencia de la única casa que el artista compró en Jean Jaurés 735, la cual modernizaron, pasando por alto que es un Lugar Histórico y por ende debió ser protegida, restaurada, para cumplir realmente con la función de una "casa museo" que es la de mostrarle al público cómo era la vida cotidiana de  la celebridad que la habitó. Gardel compró esta propiedad en 1926 y hoy quedó despojado del encanto que tenía, tornándose en una falta de respeto para el artista más importante que hemos tenido y para las nuevas generaciones que ahora deben limitarse a ver su hogar mediante videos o fotos en la web, ya que no ha quedado nada de lo que había. Las actividades que actualmente se realizan, prácticamente nada tienen que ver con Carlos Gardel. Su hogar es utilizado como un espacio más, como cualquier otro y no para que la gente pueda contemplar cómo era la casa del artista. 
Es necesario aclarar que no se admiten comentarios que puedan pertubar el orden del grupo. Debemos unirnos para lograr recuperar la casa del Zorzal y no discutir sobre su nacionalidad, ya que para eso hay otros grupos y otras personas que lo hacen. Los mensajes desubicados serán eliminados. Sepan entender. Gracias.
Edith Beraldi Sconza

domingo, 7 de junio de 2020

Mejorando el idioma

Mejorando el idioma:
Denuncia: Es la puesta en conocimiento ante una autoridad competente de una conducta posiblemente irregular, para que se adelante la correspondiente investigación penal, disciplinaria, fiscal, administrativa-sancionatoria o ético profesional. Término para resolver: 15 días hábiles

Petición: Es el derecho fundamental que tiene toda persona a presentar solicitudes respetuosas a las autoridades por motivos de interés general o particular y a obtener su pronta resolución. Término de respuesta: 15 días hábiles

Queja: Es la manifestación de protesta, censura, descontento o inconformidad que formula una persona en relación con una conducta que considera irregular de uno o de varios servidores públicos en desarrollo de sus funciones. Término para resolver: 15 días hábiles

Reclamo: Es el derecho que tiene toda persona de exigir, reivindicar o demandar una solución, ya sea por motivo general o particular, referente a la prestación indebida de un servicio o a la falta de atención de una solicitud. Término para resolver: 15 días hábiles.

Sugerencia: Es la manifestación de una idea o propuesta para mejorar el servicio o la gestión de la entidad.